La «distinción social» que embrutece.

El marco político está cambiando a pasos agigantados, aunque los políticos del momento no  quieran darse por enterados.¿Quién lo iba a decir? .

Los métodos para someter a los pueblos, tales como la desinformación, represión, tergiversación, la negación de derechos y toda clase de lindezas que, hoy por hoy, son los instrumentos de poder, han dejado de ser eficaces. Cuesta reconocerlo, sobre todo a la clase política que, carente de imaginación, sigue utilizando los más primarios métodos, como si la ciudadanía fuera discapacitada y no supiera lo que está sucediendo.

No se han parado a pensar  que, mientras los ciudadanos demuestran, día a día, mayor madurez, serenidad, paciencia y capacidad de  diálogo que sus representantes; ellos mismos se cubren de descrédito declaración tras declaración. Lejos de ejemplarizar han expandido un perfil de manipuladores desalmados  en los que la sociedad ya no confía.

Partidos políticos que a fuerza de conquistar la conciencia de  ciudadanos luchadores del  día a día que, cansados, enfrascados en su vida cotidiana, despistados de los tejemanejes del poder durante años, alimentaban el enfrentamiento entre derechas e izquierdas, con palabrería que  proporcionaba al individuo, pasivo, una seña de identidad.

Mientras, se compraba y vendía el futuro en los mercados del mundo, los ciudadanos dormían y fueron  entregados a la voracidad

El desprestigio al que se ha sometido a colectivos, servicios, al propio ciudadano, con el fin de privarle de derechos, e imponer  un modo de vida secuestrada por intereses poco claros, está dando su fruto. Sin embargo, el fruto no es el esperado.

Se ha puesto de manifiesto que no se trabaja para el bienestar de muchos, sino por algo tan primario como la «distinción social»; no por la igualdad, sino por la «desigualdad»: no por la creación de riqueza, sino por la «acaparación» de ella; no por el enriquecimiento cultural y educación de los pueblos, sino por limitar sus posibilidades de formación, en base a crear una población a la que se le pueda reprochar su falta de formación y, así, justificar su «exclusión».

Fruto de esta evidencia a la «casta financiero-política» empeñada en ser «diferente», se le amontona el propio desprestigio.

El egoísmo no conoce derechas o izquierdas, es depredador se ponga el traje que se ponga,  allá donde se sitúe. Y, eso, es lo que ve el ciudadano de a pie: desalojos, suicidios, despidos, cierre de servicios a cambio de estafas, corrupción e impunidad.

El ciudadano sabe que, hasta las propias urnas, se han vulnerado. El voto de algunos ha sido el pretexto para ofrecer en sacrificio la vida sencilla, cotidiana, de todos.

Lejos de enfrentamientos ideológicos, los ciudadanos se aúnan, ahora ninguno es diferente a otro en cuanto a disponer  de atención sanitaria, vivienda, un sueldo digno, una política fiscal equilibrada y justa, educación para sí mismos y sus hijos. Lejos de una ciudadanía rendida, sometida, cada día hay más iniciativas solidarias, rebelde a asumir que la propia vida es un negocio, tal y como hoy se ha podido comprobar.

 

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2 comentarios

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2 Respuestas a “La «distinción social» que embrutece.

  1. Hace dos días vi unas gráficas en un programa, los de derechas usaron las tarjetas black en un gran porcentaje para comprar joyas y los de izquierda para… fiestas y comilonas. Las gráficas están hechas por gente de izquierda. eso lo dice todo

  2. Al egoismo y la golfería les da lo mismo ser de derechas o de izquierdas, no tiene siglas, Son fieles a sus indignos intereses estén donde estén. Un saludo Juan 🙂

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