No hay mayor desigualdad que la igualdad

El mar de fondo en el despilfarro tanto de municipios como de estados, que no se menciona y que sin lugar a dudas, ha llevado al endeudamiento de éstos, ha sido, y es, la utilización como propaganda política o personal de la gestión de recursos, que los ciudadanos han puesto en manos de sus representantes públicos.

Representantes que inscritos en un marco político, anteponen los intereses de partido, e intereses particulares a los de los ciudadanos que los situaron ahí.

Una vez alcanzado el objetivo de la designación popular, se emprendieron grandes obras de infraestructura, cuyo objetivo en realidad no era mejorar la vida ciudadana, si no competir en una carrera contra reloj, en una demostración que, a modo de luz de gas, quería cautivar al ciudadano para seguir contando con su adhesión. Lo que no se decía es de donde procedía esa prosperidad, ficticia.

Prosperidad ficticia, puesto que a base de recurrir a la inyección de inversión privada, afín a la tendencia política, ha hipotecado a los ciudadanos que religiosamente pagan sus impuestos para el sostenimiento de servicios, que ahora se le escatiman. La rentabilidad obtenida por quienes han hipotecado a los ciudadanos es evidente, tanto a nivel privado como político.

Ahora quienes hicieron su inversión, reclaman su tributo. Inversores, bancos, el mundo de las finanzas ha hecho suyo el mundo político.

Los políticos entregan en sacrificio al ciudadano, a aquél que les dio su voto, y sufraga el mantenimiento de sus responsabilidades.

Los representantes políticos, erigiéndose como mediadores de la gestión de una crisis generada por la ausencia de objetivos legítimos, siguen trabajando para salvar su  aparato político y la estructura que lo sostiene. Coste, que sigue sufragando el ciudadano, al que se le priva de servicios que inciden directamente en su calidad de vida más perentoria.

Algunos políticos, incrementan sus apariciones en un alarde de coraje de tirar hacia delante, sea como sea. Cada comparecencia con objeto propagandístico, se sustenta con el aporte de los contribuyentes,  y está encaminada a sosegar los ánimos de ciudadanos de a pie, en una especie de acto de autoridad que tan solo los solivianta, pues lo que se niega al ciudadano, el político y su corte  no lo escatiman en gastos de representación.

El sacrificio, que se pide a los ciudadanos está fundamentado en la desigualdad. Desigualdad que defrauda, desigualdad que se sustenta en el sacrificio de las vidas más dependientes. Aquella que está sujeta a una nómina, a una pensión, a una estabilidad “inestable” y que como barco a la deriva, es abandonado a su suerte por un capitán que sólo ha velado por su destino.

Un capitán que quiere convencer a su pasaje de que si son abandonados a su suerte, es por su bienestar; que si se le menoscaban  ingresos  y derechos es por el bien de todos. Mientras, apenas él mismo y su tripulación aprecian la marejada, protegidos como están en el bote salvavidas que les ha proporcionado el propio pasaje.

Un capitán y tripulación que se deben más al armador, que al propio pasaje que confió sus vidas en ellos.

El dicho de que “No hay mayor desigualdad que la igualdad” se cumple a rajatabla en la gestión de la crisis en la sociedad actual. No es igual aplicar un mismo porcentaje de recorte a patrimonios exangües, que a grandes patrimonios.

No se cumple la condición de igualdad cuando se intenta acceder con recursos limitados a la educación, tampoco en la cesta de la compra, ni en servicios esenciales como la salud; por no mencionar servicios de hidroeléctricas etc….

La condición de igualdad se cumple cuando todas las partes constituyentes de la sociedad pueden acceder a las mismas prestaciones. Prestaciones necesarias para el desarrollo, crecimiento y dignidad.

Lujos aparte, quien se los pueda permitir, se los permita. Pero  tergiversar  el sentido del propio lujo asociándolo con sanidad, educación, vivienda, etc.., etc…, es… demagogia, con ánimo de lucro.

La decepción se vuelca en la sociedad, que sufre en primera persona el trato desigual; sintiendo como siente que sólo se le considera en igualdad a la hora de acudir a las urnas. Su voto es codiciado; sin embargo no respetado cuando se le sitúa en condiciones de desigualdad a la hora de acceder a lo que por derecho constitucional le pertenece.

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4 comentarios

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4 Respuestas a “No hay mayor desigualdad que la igualdad

  1. De acuerdo contigo, e interesante lo que dices cerca del final, sobre lo de equiparar lujos con vivienda, sanidad, educación… mientras que se fomentan otra clase de lujos y sueldos que para nada son merecidos.
    Un saludo

    • Si, parece ser que se pretende culpabilizar a la población para que repague hasta por el aire. NO se puede elevar a la categoría de lujo lo “necesario” para vivir en dignidad. Pero lo paradójico es que ya lo pagamos nosotros y las generaciones anteriores. Un abrazo Ivan y gracias por participar.

  2. Con cuanta razón escribes tus letras, Carmen, sin duda con toda la verdad del mundo. Así y así están las cosas en este país, antaño prospero y donde todos teníamos cabida y ahora solo es un pozo donde ni agua sale. Bueno sí, la misma que no escatiman para sí mismos, políticos, banqueros y empresarios de inmobiliarias y construcción. Para ellos sí hay agua y tienen mucha para gozarla. Para nosotros sin embargo, el pueblo, no tenemos nada, ni esperanza nos queda.

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