La nostalgia subversiva

La nostalgia es un sentimiento confuso, parece ser. Confuso en el sentido que añora tiempos o cosas pasadas que considera buenas. Nadie siente nostalgia o añoranza de sufrimientos pasados, propios o ajenos, salvo que padezca alguna perturbación psiquiátrica o tara inconfesable, que viene a ser lo mismo. Cuando así sucede, se precisa una catarsis.

En los tiempos que corren, asistir a la actualización de comportamientos que, en un pasado no muy lejano, produjeron sufrimiento  a una pequeña o gran parte de la sociedad, es cuando menos patológico.

Hay que preguntarse cómo es posible que quienes se tienen por próceres de la sociedad confundan la nostalgia de cosas mejores: la educación que ennoblece, con la que embrutece; el deseo de ser el mejor sin ánimo de destrucción hacia el semejante, con la competencia desleal;  permanecer fiel a la consideración de que el otro está sujeto a los mismos derechos  y deberes que uno mismo para adquirir mayores cotas de desarrollo y libertad, con añorar el privilegio que oprime a otro.

Parece ser que las últimas vanguardias en nostalgia discurren por añorar la mano dura, la represión, la coerción, algo así como si el “comulgar con ruedas de molino” fuera el ideal para vivir en armonía.

Es un signo que el Robin Hood contemporáneo subvierta su verdadero sentido social, y emprenda el asalto a  los derechos de los menos favorecidos para rescatar a los mercados carentes de cualquier tipo de escrúpulo. Eso, sí que es subversivo.

¿Nostalgia de feudalismo?¿Nostalgia de totalitarismo?. Más bien sentimiento de impunidad en el ejercicio del poder.

El deseo de expansión en detrimento de los demás, enfundado en la caricatura de una virtud pusilánime, que oculta la falta de redaños para ser realmente virtud para defender lo que es de ley y honrado; es el pretexto idóneo para secuestrar el libre albedrío de los individuos y privarles del ejercicio de la propia madurez en la toma de decisiones, y lo que es peor instila en las sociedades el sentimiento de indiferencia brutal a su legítima demanda.

La brutalidad indiferente, impotente, encerrada en cuatro dogmas, utiliza esos dogmas  nostálgicos como colchón para ejercer lo que sospecha no le gustaría para sí misma, expande el esperpento por doquier vistiendo un traje de rectitud, que no es más que  rigidez por falta de empatía a lo diferente. Y se sorprende, se sorprende de la falta de empatía de esos otros, a los que no considera diferentes, y que en posición de privilegio le devuelven la imagen de su propio esperpento ninguneando las vidas ajenas, como ofrenda, necesaria al dios interés.

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2 comentarios

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2 Respuestas a “La nostalgia subversiva

  1. Realmente desolador, un futuro negro y vendido por los que nos debieran proteger.
    Buen artículo, Carmen Villamarin.

    • Gracias Frank, yo soy de las que le gusta dar la vuelta a la tortilla, y realmente nos están dando el espectáculo docente de como no hay que hacer ni ser. Antiguamente existían las vidas ejemplares, esto parecen ser el ejemplo de como el egoísmo entontece y hace que la gente se quede con lo peor . Gracias x tu comentario 😀

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