La obscenidad como modelo social

Diariamente quienes se esconden tras el  fluctuar de los mercados abren los ojos al nuevo día con el objetivo de gestionar poder y riqueza,  hunden países cada mañana y al anochecer celebran los objetivos.

“El objetivo”, esa muletilla que se aplica a todo lo que proporciona la coartada perfecta para el atropello y abre la puerta a lo peor de cada cual que a través del objetivo a cumplir, da cabida a lo que sea.

La actualidad más reciente nos da muestras constantes de que esta actividad se ha convertido en un modo de acción aceptado e incluso tildado como estrategia, cuando tan solo es el medio de disimular  el fin ulterior de doblegar la voluntad ajena a los propios intereses.

Estas actitudes practicadas en todos los ámbitos de la sociedad, tan solo dilatan en el tiempo la expresión de lo que esconden.

La actual crisis que padecemos no es producto de errores, sino de algo más profundo, el culto a la obscenidad de los mercados. Los estados a los pies del mundo financiero, servilmente ejecutan sus indicaciones al pie de la letra pequeña.

Los objetivos son claros hay que salvar al becerro de oro, porque ya no se cree en el individuo. No hay que salvar la dignidad, ni la honradez, ni la educación, ni la libertad, hay que salvar al becerro de oro. Los estados lo avalan e incluso algunos se jactan de su eficacia en el servicio prestado.

Esa obscenidad que acepta la corrupción como algo natural dependiendo de quien proceda, se ha instalado en quienes con impudicia miran hacia otro lado y acusan de rebeldía a quienes su objetivo consiste en vivir con dignidad, con mayores o menores errores, pero no con el objetivo de hundir lo creado a lo largo de generaciones de esfuerzo, en un abrir y cerrar de ojos, para sostener un sistema que sí lo hace.

Resulta jocoso, cuando no patético ver como  obrando en contra de, o en perjuicio de, se espera obtener el beneplácito general. Es cuando menos, una perversión de la inteligencia, que sin un ápice de humildad quiere convertir a los ojos de los otros, que no a los propios, lo insalubre en saludable.

Los auténticos pilares de la sociedad son los ciudadanos que día a día sostienen todo un sistema que patológicamente se vuelve contra ellos, como el perro que muerde la mano de su amo al darle de comer. Los mercados en su implacable impudicia tensan la cuerda, indiferentes, en el fondo conocedores de que su riqueza viene generada por el esfuerzo ajeno, apunta a una globalización del esfuerzo ajeno como el gran mandato del dios becerro de oro.

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4 comentarios

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4 Respuestas a “La obscenidad como modelo social

  1. Morgana

    Lo jodido es que se ha acabado el fútbol para derivar la atención. Ya no queda futbol… ah si.. queda Alonso. Tranquilidad. Mientras haya opio para el pueblo, el pueblo fuma.

  2. No queda fútbol, pero está la Vuelta ciclista a Francia y pronto comienzan los Juegos Olímpicos en Londres. Se tendría que cambiar el modelo financiero internacional. Si no se hace eso, y supongo que no lo harán, todo seguirá igual o peor. Saludos. Buena entrada.

  3. Defienden el sistema financiero como si fuera la panacea universal, más bien es la panacea del egoísmo. Gracias, Un saludo.

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