La terquedad de lo verdadero

Pese a quien le pese, cuando mentir  se convierte en una forma de contemporización que justifica todo  acto o decisión en perjuicio de otros, y en un supuesto beneficio para quien así procede, estamos tomando el sendero de la mentira.

La mentira no sólo engaña a quien es sometido a su acción, sino que también sobre quien la practica y le da el valor de lo que es cierto.

Es llamativo observar, como en contra de todo sentido común permitimos que se abra camino en nuestras vidas.

En una sociedad en que los medios de comunicación en ocasiones cumplen la función de desinformar con el fin de desposeer de visión objetiva a quienes confían bajo el pretexto de proteger algún oscuro interés; puede funcionar en un principio; pero si algo tiene la mentira es que va cercenando la confianza de aquellos que se ven sometida a ella y sin haberlo previsto apela a lo verdadero.

Crecemos en una sociedad acostumbrada a convivir con ella y que la acepta como parte integrante en la vida; sin embargo la terquedad de lo verdadero sigue persistiendo.

 Los signos son claros tanto en cuanto  deseamos ser verdaderos, no aceptamos el abuso al otro, la estafa emocional, vital o económica y no cedemos a la seducción de obtener ventaja sobre otros a costa de su perjuicio; y sobre todo no alimentamos algún tipo de expectativa o supuesto bien con el objeto de mantener cautiva la atención de los otros, con distracciones de todo tipo haciendo malabares para cercenar su derecho a conocer con el propósito de obtener ventaja.

Si en posiciones de autoridad con respecto a las condiciones de vida de los demás tomamos el camino de la mentira, fomentaremos la desigualdad, la violencia, y lo más preciado la confianza  del otro.

El maltratador/a vive en la mentira de que debe maltratar para supuestamente corregir los errores del otro, engaño de lo más primario para proteger su  conducta.

Las sociedades actuales son más propias del psicópata que es indiferente al malestar o a la extinción de los otros si  ello le proporciona algún beneficio del orden que sea, cínicamente lo valida como necesaria ley de la selva.

En la dimensión particular lo verdadero acoge y respeta al otro a pesar de las diferencias que pudieran existir, en la dimensión social lo verdadero debe aportar al individuo el lecho que le  permita  evolucionar y conquistar su libertad.

Deliberaciones intelectuales sobre la falso y lo verdadero se reducen a la simplicidad terca, que no simpleza, de la honradez con uno mismo y los otros.

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3 comentarios

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3 Respuestas a “La terquedad de lo verdadero

  1. Morgana

    Lo curioso es la idea de las mentiras blancas, o mentiras piadosas. Esas si están aceptadas y toleradas e incluso alabadas con el único fin de no hacer daño. La verdad es que consigues hacer más daño ocultando lo verdadero, y encima estás decidiendo sobre la vida del otro de lo que debe saber o no y como. Al final todo sale a la luz y todavia es mayor el dolor.

  2. Rafael A. Brito Cruz

    Como quiera que sea, la mentira es mentira, sea blanca o negra, amarilla, no importa el color, la mentira es mentira y no la justifico, porque al final hace daño a quien se le oculta la verdad. La verdad aunque duela debe ser dicha, porque al final es como un bálsamos que te calma el dolor provocado por el agravio causado por quien lo comete. Por lo tanto, soy partidario de la verdad por encima de todo, aunque duela en el momento. Se dice una supuesta mentira blanca, para no herir, pero al final duele más que saber la verdad desde el principio.

    • Hola Rafael: Cierto es lo que dices, la única manera de salir del circulo vicioso verdad-mentira, es hacer el esfuerzo de ser verdadero con uno mismo y como consecuencia con el entorno. Eso nos pone fuera de alcance de mentiras propias y ajenas, a la vez que nos alejará de la tentación de espetar verdades como puños, que lejos de favorecer la comprensión de que el otro desea vivir en su engaño por algún interés egoísta, favorecerá los pequeños odios cotidianos que a la larga son un gran peso para la propia libertad. Siempre he pensado que lo mejor es dejar al otro a su propia libertad de escoger lo que desea vivir, de ese modo sus mentiras no nos alcanzarán. Gracias por tu comentario, un saludo.

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