La única crisis: la de honradez

La palabra “crisis”, tan de moda en nuestra generación, ha pasado a ser una especie de placebo que justifica cualquier estado de desequilibrio tanto emocional, como intelectual. En el momento actual de crisis financiero-económica es la respuesta que no admite un análisis profundo, simplemente, se está en crisis, se padece una crisis, hay crisis, etc…. Todo lo que se quiera añadir posteriormente a esta declaración de estado de crisis vuelve a ser acallado, aceptado, limitándonos a intentar paliar los efectos de ésta sin ir más allá. Así, la palabra crisis actúa como un ensalmo que adormece a quien la pronuncia y a quien la escucha. Termina por convertirse en la convención social de que cualquier estado de crisis pasará resistiendo, aceptando, aguantando lo que venga sin tomar parte responsable ni activa en ella.

Una crisis es la pérdida de armonía en una situación, sea de la clase que sea, cuando lo que transcurre por los cauces naturales de su función sale de éstos tanto en exceso como en defecto;  porque pierde el factor determinante que le hace mantenerse en el cumplimiento de su función. Las sociedades y los individuos deben y pueden diagnosticar estas situaciones  ¿Porqué no se está haciendo? Cada día somos bombardeados en  noticieros, prensa, etc.  con maltratos, asesinatos, desahucios, penurias de todo tipo y nos estamos acostumbrando a que  es el estado natural de la sociedad.

Todos sabemos cual es el diagnóstico; sin embargo parece como si no fuera con nosotros, que se resuelva por si mismo o que lo resuelva quien pueda. No hay que ser especialmente agudo para reconocer que la verdadera crisis va más allá de todo lo que contemplamos, que todas las crisis se aúnan en una sola crisis que es la madre de todas las que nos aquejan pues sólo hay una crisis, la de honradez.

La falta de honradez con nosotros mismos y en lo que hacemos es lo que ha generado este estado de cosas, así de simple y de complejo,  si queremos que sea complejo.

Debiéramos aprender y no olvidar que con nuestras acciones creamos el mundo que nos rodea, queramos verlo o no.

Esta sociedad, contaminada por la codicia, parece resignarse a no desalojar de ella los agentes que provocan crisis en ella misma y en los otros. El maltratador no reconoce sus actos porque no desea restringir en sí los sentimientos de poder sobre el otro, su hegemonía, en suma, odio. El maltrato, como todos sabemos, no sólo es en el ámbito de lo físico, si no en lo emocional, anímico, económico y político.

En los momentos actuales en los que se hunden y levantan países, la imbricada ingeniería financiera no  desvela su propio fracaso. Creada en origen para generar prosperidad, ha desposeído a los pueblos, pertinaz en no reconocer la perversión de su  recorrido, en principio la gestión de  los bienes comunes pues los ha convertido en bienes particulares que sustentan los ciudadanos; sin embargo no revierten sobre ellos.

La crisis tiene solución, sólo es una, la honradez, no tiene tantos tentáculos  ni es algo desconocido, o no conocido o por conocer.

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1 comentario

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Una respuesta a “La única crisis: la de honradez

  1. Es verdad lo que dices.. la crisis es moral

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